4 de marzo de 2009

Umbral bis


El tiempo es un caballo que llora como una máquina sentimental. Escribo en la copa del árbol de los días poemas en prosa y libros de colores. Mi hijo se ha dormido en lo más profundo de sus zapatos y hay un reloj de pulsera fornicando en algún sitio con la eternidad. Espero que una mujer desnuda me llame por teléfono para invitarme a la vernisage de sus pechos. Octubre es lúcido como un matemático y extenso como la actualidad. No sé qué voy a hacer esta tarde, pero me gustaría amar a una muchacha que no tuviera un empleo fijo, o sentarme a leer en el parque, bajo la luz de los eclipses. Sea como fuere, enjabono mi cuerpo y me siento a esperar que la teoría de la relatividad llame a mi puerta.

Más de Paco Umbral, pero esta vez tomado de Mortal y rosa. Decadente, pirado y genial. Lástima que palmó el año pasado.

2 de marzo de 2009

A la (no tan) anónima trackleña, por sus actos de terrorismo lírico



Se sabe, se sabe: cherchez la femme...

Sexpistoleros

LowFi estaba en lo cierto. Vi a estos muchachos en directo y todavía procuro reacomodar mi estructura ósea.


La próxima vez que toquen en Baires, estoy o estoy.

Caracoles, hormigas y neozelandeses


Con la lluvia, la productora se llena de caracoles.

Aparecen en las rendijas de las persianas, trepando verticales el tronco de un árbol, equilibrándose en las canaletas o en el cantero del fondo, adónde voy a mojarme el traste cuando me siento a fumar, pertrechado del libro que debería estar leyendo para la tesina y no leo. El libro en mano es una excusa, una trampa que tiendo para convencerme de que no estoy perdiendo el tiempo, entre traducciones y párrafos prostituidos. “El trabajo sociológico de Pierre Bourdieu. Deudas y críticas”.. La mierda, eso es un título amenazante… La grandilocuencia, el saber, la Academia, antítesis misma de las oraciones bimembres y el vocabulario degradado que la televisión exige como tributo idiota.

No me malinterpreten: amo perder el tiempo, pero la culpa me ataca por segundos enteros. Una vez, me pasé veinte minutos contemplando cómo la colilla del pucho que acababa de tirar, desviaba el curso de una fila de hormigas. Me fascinó la terquedad de esas pequeñas comunistas. Comparado con el parsimonioso caracol, las hormigas son insectos chinos. Implacables, laboriosas, proletarias.

La colilla, para ellas una pira grande como un edificio, no las frenó. Llegaban hasta la brasa, se paraban en seco, fregándose las antenitas y deambulaban un rato como borrachas hasta que, al final, lograban rodearla y proseguir con su acarreo de basuritas vegetales. El perfecto trabajador, señores empresarios.

Si alguno me hubiera descubierto, arrellanado contra los lamparones húmedos de la pared, la pose simiesca, los ojos abstraídos, bebiendo café a sorbitos torpes, habría tenido serias razones para cuestionar mi desarrollo mental. Estaba en mi horario de comer, sin embargo. Y sin libro, sin auriculares, sin apuntes, sin ganas de sumarme a la permuta de chismes de la sobremesa o imprimir un par de cuentos de contrabando, resultó un pasatiempo tan digno como cualquier otro. Después volví a la compu y compensé mi alelamiento de entomólogo, doblando a velocidad relámpago a tres neozelandeses.

Mucho más interesantes las hormigas. Por afano.

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Okay, acabo de meter otra materia. La cuenta se achica: ahora faltan dos, más la tesina. No es tanto −no es nada, en realidad− y si tuviera un ápice de buen gusto no andaría quejándome. Sin embargo, desde el momento en que se me dio por ocupar los esporádicos recesos del laburo escribiendo en este blog, está claro que la estética no es lo mío. Ya descubriré cuál es la naturaleza del vínculo entre haber pasado un lustro estudiando comunicación y escribir en esta cloaca digital, pero que hay uno se los aseguro.

Quizá tenga que ver con el signo de los tiempos: la efervescencia, el eclecticismo, el kitsch, el espectáculo del yo, el relativismo. Quién sabe.

−Nos vamos al tacho, nos vamos −predican los nuevos acólitos de Savonarola.

−Uuuuy, qué miedo. ¿Y si estuvimos ahí desde el vamos? −retrucan voces jóvenes.

Pura intrascendencia. Para evitar el aburrimiento, les propongo recorrer felices el camino de ladrillitos amarillos que conduce a la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación.

Con una advertencia: lasciate ogni speranza, voi ch'intrate. Esto es Magiafantasma.

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