Por fortuna, siempre podremos confiar en las "almas bellas", en esa vastísima legión de boludos y boludas de extremada sensibilidad social, buena gente de dios, altísimamente susceptible también, progresistas del tedio, formalistas hasta la náusea, cuyo dedo índice aguarda el momento exacto para señalar la hilacha petit-burgeois en cualquier argumento. 

Soy capaz de perdonar casi cualquier afrenta, menos la obviedad que se pretende moral.  


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