En fin



Del autismo como puerto de llegada. A determinada altura del día, el módico flagelo de las traducciones y los programas de TV acaba por convertirse en un enorme flagelo. No es la dificultad, es la repetición. A veces pienso que cualquier tarea −incluso las “creativas”, aunque tarden más− se descolora si uno insiste el tiempo suficiente. El problema es que hay un salario de por medio y uno no puede, sin más, irse a dar una vuelta por ahí.  Eso sería estupendo. Y tampoco da diluir el trabajo en más trabajo. Me resisto a entregarme del todo a un free-lancismo canchero porque lo que hago por el momento resulte un embole.  Soy un esclavo por horas, pero renuente. El cerebro debe optar, entonces, por mecanismos de escapatoria un poquito más tortuosos. Por ejemplo: escuchar música, mirar videitos en youtube. Por ejemplo: escribir, como ahora. Pero se trata apenas de otra manera de posponer la derrota. Spleen, tedium vitae, pasiones entrópicas. 

(Pausa: tengo que hacer la prueba de escribir un texto en base pura y exclusivamente de oraciones unimembres).

Es un proceso perfectamente calculable de merma paulatina de energías y hasta imagino que podría trazar una curva que mida con bastante precisión la degradación de mi sistema orgánico, el lento naufragio en el que se hunde mi otrora chispeante sinapsis neuronal…

(Pausa: no puedo creer el enunciado que acabo de producir).

…cada vez se puede retener la atención por lapsos más cortos, los sentidos se embotan más y más y, de golpe, coronación, se pierde el hilo de lo que se estaba haciendo o se estaba pensando. Además, el simple hecho de tener que fingir productividad y mantener un estado de alerta latente ante la presencia de la Jefatura, es trabajo en sí mismo. O sea, estamos jodidos. Igual, antes de terminar, quisiera dejar asentado que soy un prisionero ejemplar y suelo descollar en mis trabajos forzados. Estúpida vanidad. Mientras tanto: como fruta, tomo mate y escucho unos tangos de Ariel Ardit. 

%%%
%%
%%%%
%
%%%

0 comentarios:

Seguidores

Memoria