13 de junio de 2008

Tragedia consumista


La tecnología y yo nos llevamos igual de bien que Luis D’Elia y un homosexual pudiente. Hace unos días, decidí consentirme por haber superado la ordalía de mi anteúltimo final y me hice una escapada hasta el Wal Mart de Pueyrredón a comprar un 5.1, uno de esos equipitos que se enchufan a la PC o la reproductora de DVD y vienen con 5 parlantes pequeños para distribuir en la periferia de un espacio X. Me había llegado el rumor de que estaban baratos: 269 mangos, uno con parlantes de madera y como quinchicientos watts de potencia. Decidí transigir entonces con mi anticorporativismo, mi antiamericanismo y mi antipelotudez y llevarme uno.

Recuerdo que cuando salí del súper, empujando el chango y oteando con sorpresiva nostalgia los pabellones de mi antiguo barrio, pensé: “Ahora sí, voy a sentir el poder de Greyskull” y enseguida imaginé los decibeles, taladrando mi cerebro como rayos de angulaciones rígidas y caprichosas y una atmósfera zumbante de estática. Uno de mis amigos tenía −tiene, en realidad− un chirimbolo de estos, bastante menos aparatoso que aquel, y cada vez que nos juntábamos en su casa con otro impresentable, era hundirnos extasiados en un mar de ondas de sonoras. No deja de impresionarme que tal efecto pueda lograrse por obra de un juego de cajas de plástico, cables de estaño, lucecitas led y resistencias baratas, que para colmo se importa por millares en containers chinos, junto a los bacilos de la gripe aviaria.

Previsiblemente, no hubo manera de que funque y si (con toda justicia) sospechan de mis capacidades técnicas al momento de la instalación, replicaré que fui asistido por mi amigo antedicho. Hoy me acreditaron la guita en mi cuenta, luego de perder media hora del miércoles en el mostrador de Atención al Cliente, exhibiendo mi cara de culo. Por supuesto, ni bien terminé el trámite, la volví a gastar allí mismo en otro 5.1, que tampoco logré hacer andar, aunque esperemos que en este caso sea por mi impericia. Nunca aprenderé. Si no logro derrotarlo en el plazo de 15 días, tendré que volver a tirárselos por la cabeza.

¡¡¡Qué vuelva la Graffa, the pussy of the cow!!!

4 Contrataques:

car dijo...

"La tecnología y yo nos llevamos igual de bien que Luis D’Elia y un homosexual pudiente"

ehhh...

yo después de esa magnífica frase, no me pude concentrar en nada naaaada más!!!

ajajaja

beso tevs!

Matías dijo...

paciencia tevi...
¿No probaste comprarte un cable de esos que combinan salida de Audio con RCA para conectar la PC a un equipo de audio? Salen $5 en cualquier ferretería. No será un "mar de ondas sonoras" pero...

despojada dijo...

uu la tecnología y yo.... bueno nunca intimamos.. y quien me explica que haga una tesis sobre tecbología?
muuyyyy bueno
un placer leerlo
y si la frase de delia delicatessen!

Francis Mallman II, el regreso. dijo...

Coincido con el primer comentario, después de ese hallazgo es imposible mantener la concentración en el resto.
Es lo jodido de poner frases brillantes al comienzo (claro, si no se sostiene la altitud).
Si yo supiera algo de futbol le lanzaría un ejemplo, una analogía simpática y que cayera como dedo al anillo, que no es lo mismo.
Y este es mi lado grosero.
Pero el futbol no es mi fuerte.

En fin, saludos.